atardece en la ruta

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Entre Ríos

viernes, 26 de febrero de 2010

Cerradura

Su padre tiene una cerrajería. Desde que tiene memoria solía pasar largas y ruidosas horas –o brevísimos lapsus de tiempo- en el pequeño local familiar. Ahí es donde quedaba esperando entre la escuela y la merienda en casa de la tía o donde lo dejaban durante los trámites matutinos antes del almuerzo, o los fines de semana por la hora de la siesta. A Lucas le gustaba la cerrajería, se acostumbró y aprendió a apreciarla. El olor a metales calientes, el ruido musical de la máquina copiadora, el brillo de las llaves, la cantidad inmensa de formas distintas y de distintas combinaciones para cada una. Las cerraduras, tan delicadas como fuertes, con sus mecanismos accionándose clac-clac y cediendo al suave proceder de la llave. Fue una fría mañana de invierno, cuando esperaba que viniera su madre de pagar las cuentas y hacer las compras, que a Lucas se le ocurrió la gran idea. Tenía 13 años y había ido al cine a ver una de acción con su amigo inseparable Tono y salieron emocionadísimos. El protagonista era el mejor ladrón de guante blanco que conocían, su habilidad era solo comparable con la del más sutil y estudioso de los concertistas o directores de orquesta. Entonces, esa mañana helada y aburrida, mirando las cerraduras, se le ocurrió: iba a aprender a abrirlas sin llave, como el héroe de la película de ayer; con 2 alambres.

Continuará...?


jueves, 25 de febrero de 2010

La visita

La emoción del encuentro la tenía mal: ya había hecho de todo y todavía no lograba serenarse.
Ya vestida y arreglada para la ocasión, empezó ordenando sus cosas que suele dejar desparramadas por toda la casa. Siguió con la ropa de su habitación, la mayoría solía descansar en la silla, sobre la cama o en un rincón. Separó lo que debía lavarse, dobló lo que estaba limpio y aprovechó para deshacerse de un par de remeras que hace tiempo dejó de usar. Hizo la cama y echó perfume en el ambiente.
Esos minutos duraban más de 60 segundos o ella estaba descubriéndose capaz de moverse a la velocidad de la luz.
Chequeó el horno aunque sabía que la torta no estaba lista, aún no se olía en el aire la cocción. Se sentó a mirar televisión y, para evitar comerse las uñas, retomó con el tejido que llevaba meses esperando su momento.
Antes de terminar con la segunda vuelta sonó el timbre que sobresaltó a Ana haciéndola soltar las agujas. Apagó la tele y corrió al portero eléctrico: “pasá”. Se chequeó por última vez en el espejo del recibidor y abrió la puerta.

Continuará...?

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